24.2.10

LA VIRTUD DEL ESFUERZO


Plantel Superior de Caballeros - Campeonato de Clubles - Trelew 2009

Esfuerzo es el empleo enérgico de la voluntad, fuerza física, actividad o ánimo contra algún impulso o resistencia, teniendo que vencer dificultades para conseguir el fin


Esfuerzo es el empleo enérgico de la voluntad, fuerza física, actividad o ánimo contra algún impulso o resistencia, teniendo que vencer dificultades para conseguir el fin. Es la antítesis de la resignación y la principal avenida para salir de las diferentes crisis.

Los padres tienen que explicar a sus hijos las ventajas de practicar la virtud del esfuerzo, aunque estén en una sociedad, donde todo esta encaminado a que las personas hagan continuamente el mínimo esfuerzo. Estamos en la cultura de la ley del mínimo esfuerzo, del hedonismo donde todo se rige por el placer, el gozo, la sensualidad, etc. Aquí no cabe el esfuerzo, nada más que en muy pocas y privilegiadas personas, que han sabido fomentarlo desde pequeños, con la ayuda de sus padres, profesores, sacerdote, pastores, rabinos o imanes.

Principales virtudes y valores humanos relacionados: Abnegación. Ayudar. Colaboración. Constancia. Control. Coraje. Desprendimiento. Disciplina. Dolor. Entrega. Fortaleza. Generosidad. Lucha. Mortificación. Obediencia. Paciencia. Perseverancia. Sacrificio. Sufrimiento. Tolerancia, etc.

Los padres tienen que dar ejemplo, predicando y practicando continuamente la virtud del esfuerzo, incluso navegando contracorriente en las actividades normales de la vida, para poder dejar cara al futuro, una marca indeleble en los hijos.

No se puede hablar de llegar a un objetivo en los estudios, deporte o trabajo, sin tener un plan, que se pueda ir midiendo el esfuerzo que hay que hacer para conseguirlo, pero por mucho plan que haya, si no hay un sentido muy claro de lo que es el esfuerzo y la forma de llevarlo a cabo, nunca se podrá conseguir el plan.

5 Preguntas para practicar la virtud del esfuerzo: ¿Qué tengo que hacer? ¿Cómo lo voy a hacer? ¿Dónde lo voy a hacer? ¿Cuándo empezaré y terminaré? ¿Para qué lo voy a hacer? ¿Cómo mido lo que hago? ¿Soy el ejemplo para alguien? ¿Los resultados de mi esfuerzo beneficiarán o perjudicarán a alguien? La virtud del esfuerzo tiene muchas aplicaciones, por ejemplo: En los estudios, en el trabajo, en el presupuesto familiar, en tratar de ser mejor con el prójimo, en hacer donativos económicos o de tiempo, en tener paciencia con los amigos, en no crearse enemigos, en soportar el dolor, etc.

Los hijos, desde muy pequeños miden las posibilidades de desobediencia o de dejar pasar las cosas, en función del esfuerzo que tengan que hacer para realizarlas. La ecuación de esfuerzo y rendimiento, es una medida que no se debe hacer con parcialidad, pues hay muchas cosas que no saben cuál será el rendimiento, aunque conozcan demasiado bien, cual es el esfuerzo. Por ejemplo cuando tienen que estudiar, tienen que fijarse más en el esfuerzo del estudio, que en los resultados, pues estos llegarán por añadidura. Cuando van a hacer deporte les pasa lo mismo, pues internamente saben, que nadie puede ganar una carrera sin que haya habido una buena preparación, un buen entrenamiento y un esfuerzo inteligente previamente diseñado. El esfuerzo sin preparación y sin objetivos, es muy difícil llevarlo a la práctica.

Lo contrario a hacer un esfuerzo, es la dejadez, la vagancia, el desistir, el no saber lidiar con las dificultades, que va a suponer realizarlo y la lucha que tendrá que realizar, contra la pereza vital de hacer el esfuerzo, la vergüenza de que le vean o se enteren que se esfuerza, la dejadez al ir retrasándolo para otra ocasión, la falta de entrega o cumplimiento, de lo que había acordado consigo mismo o con otras personas, el desistir de los beneficios que va obtener, si hace el esfuerzo, y sobre todo, de enfrentarse a la cobardía demostrada, por no querer o no poder hacer el esfuerzo necesario, para triunfar en la vida familiar, escolar, laboral o social.

La virtud del esfuerzo tiene que ser un valor en alza, para que los jóvenes no pierdan la capacidad de soñar, en cosas que merezcan la pena. No deben olvidar los hijos, que la vida que les ofrecen desde el exterior, es una vida irreal y engañosa, pues parece que es mucho mas gratificante, que enfrascarse en estudiar para sacar buenas notas y terminar con éxito los estudios, y así tener un buen porvenir el día de mañana. Tienen que aplicar esta virtud del esfuerzo, incluso los que sienten que saben hacer mejor las cosas que otros, pues obtienen buenos resultados comparativos sin hacer ningún esfuerzo. Pero que nunca se crean que puedan bajar la guardia y dejar de practicarla continuamente, ya que en cualquier momento de su vida, puede aparecer alguien que tenga mejores cualidades para competir y dejarles fuera de combate.

Cuando los hijos cambian de escuela, de grado o empiezan la universidad, se dan cuenta que si quieren seguir el nuevo ritmo de estudios, tienen que hacer un nuevo gran esfuerzo, pues allí los niveles son más altos. Si no han ejercitado la virtud del esfuerzo, les puede llegar la frustración, la inseguridad o la ansiedad, porque no avanzan o porque se quedan los últimos. Se habían acostumbrado a disfrutar la herencia de su capacidad intelectual, para aprender sin esfuerzo, pero eso no es para siempre. El mundo no se divide entre los que son inteligentes y los que no lo son. Se divide entre los que hacen esfuerzos y los que no los hacen. La calidad de las personas, se mide por el esfuerzo que hacen para corregir sus errores.

La buena suerte y las grandes ideas, suelen llegar cuando se están haciendo esfuerzos para obtenerlas, pues es casi imposible que lleguen, cuando se está haciendo el vago. El esfuerzo requiere dominar con denuedo la voluntad y el carácter, tener mucho valor para poder practicarlo con empeño y tesón. Sin tener miedo a afrontar los riesgos necesarios, en la lucha por los objetivos previstos, aunque siempre haya que medirlos previamente.

Los padres deben premiar los esfuerzos de los hijos y darles alicientes, por hacer bien las cosas. Así los hijos tendrán más posibilidades de tener éxito en sus actividades, tanto en la familia, como en la escuela, ya que cuando empiecen a estudiar en la universidad o a trabajar en una empresa, no tendrán los privilegios que tenían anteriormente, al estar consentidos y protegidos por los padres o maestros. Si no tienen bien arraigada la virtud del esfuerzo, se quedarán atrás en los estudios, o simplemente les despedirán de los trabajos, por no esforzarse. El esfuerzo realizado en la escuela o en la universidad, les será compensado con creces el día de mañana.

El esfuerzo insuficiente, es una de las causas del fracaso escolar y del abandono prematuro de la escuela, sin que se den cuenta algunos hijos, que practicar la virtud del esfuerzo, da impulso para seguir practicando nuevos retos, que supongan esfuerzos muchos más fuertes para obtener mayores satisfacciones.

Practicar la virtud del esfuerzo no tiene que estar supeditada, a que los resultados previsibles u obtenidos, sean buenos o malos. Siempre hay que intentar esforzarse, por muy difícil que sea obtener el resultado. Hay que seguir el ejemplo de los técnicos que trabajan en función de, ensayo y error. Aceptando que tendrá que haber nuevos ensayos y nuevos errores, hasta conseguir el objetivo propuesto. O como los deportistas, que para conseguir los triunfos, tienen que hacer muchos esfuerzos en sus múltiples prácticas.

Los padres, a través del ejemplo, tienen que conseguir inculcar en sus hijos, el ideal ético de la virtud del esfuerzo y demostrarles, que no tienen que tener miedo a practicar la cultura del esfuerzo, continuo e inteligente.

Hay una mala publicidad, dirigida a personas que no piensan lo que les están diciendo y se dejan llevar por conceptos simplones, carentes de realidad. Está encaminada a personas que no quieren hacer ningún esfuerzo y prefieren que les hablen de milagritos diarios, en lugar de esfuerzos diarios. Sus principales frases son: Adelgace sin esfuerzo. Aprenda sin esfuerzo. Compre ahora y pague luego, sin ningún esfuerzo. Piense que va a suceder y sucederá. Tenga un sueño, persígalo y lo conseguirá. Sueñe alto y llegará. Solamente hace falta quererlo mucho para conseguirlo. Si se puede. Llámenos y le solucionaremos su problema si ningún esfuerzo, etc. En la publicidad engañosa, nunca se explica que hay que hacer esfuerzos y renunciar a muchas cosas, para conseguir lo que se pretende, aunque ahora digan que todo se puede hacer, con motivación y relajación.

La falta de practicar la virtud del esfuerzo es el origen, entre otras cosas, del descenso de la calidad de la educación y por consiguiente, de la calidad de vida. Los padres tienen que enseñar, la satisfacción del trabajo bien hecho y que los hijos retomen la cultura del esfuerzo, olvidándose de la malévola práctica del mínimo esfuerzo, sobre todo en periodos de la adolescencia, que es donde los jóvenes están conformando su personalidad y sembrando para su futuro. Además de inculcarles la virtud del esfuerzo, deben de eliminar el peyorativo concepto paternalista, en sus relaciones con los hijos, suprimiendo el “yavalismo”, (ya vale), y el “ya te lo haré yo”, porque es más fácil hacerlo que enseñar a hacerlo, lo mismo que darles un pescado o enseñarles a pescar. Es una grave e inconsistente contradicción, el querer que practiquen la virtud del esfuerzo y resolverles sus problemas.

Si tiene algún comentario, por favor escriba a francisco@micumbre.com

www.micumbre.com

21.2.10

LA FRASE....



La sexta haciendo pretemporada....

"La mejor manera de mejorar tu equipo es mejorar tu mismo".
" Cuando mejoras un poco cada día, al final ocurren grandes cosas. Cuando mejoras tu forma física un poco cada día, al final se produce un gran mejora en tu forma física. No mañana, ni al día siguiente, pero al final has hecho un notable progreso. No hay que buscar mejoras rápidas y espectaculares, sino mejoras pequeñas, día a día. Esa es la única forma de que ocurren, y cuando lo hacen, permanece".
JOHN WOODEN

14.2.10

LA FRASE...


<< Siempre he creído que si uno se pone a trabajar, los resultados llegarán tarde o temprano. No hago las cosas creyendo a medias. Sé que al hacerlo así sólo puedo esperar resultados mediocres. Por eso me concentro en los entrenamientos tanto como en los juegos. Es una actitud que se puede abrir y cerrar como si fuera un grifo. Sería imposible hacerme el tonto en los entrenamientos y después, al necesitar más empuje en el final de un juego, pretender que el esfuerzo se refleje. >> MICHAEL JORDAN. "Mi filosofía del triunfo."

23.1.10

EDUCAR CON ESPIRITU DEPORTIVO



Autor: Cristián Conen (*)

Es una tarde de domingo en la cancha de fútbol. El deseo de triunfo, la pasión deportiva, el pasto verde, el sol, el colorido de banderas y aficionados, hacen que Juan comience a vivir el espíritu de fiesta del deporte y se olvide de aquel tema que tanto le preocupa: al igual que su esposa quiere mucho a sus hijos, pero la responsabilidad de educarlos le agobia y muchas veces las dificultades lo superan; entonces, a su sentimiento de impotencia se suman la tristeza y la bronca.

La clave para disfrutar un deporte de competición como el fútbol, es que el mismo tenga un objetivo a alcanzar —en este caso, el gol—; un margen de libertad para lograr la meta —el juego debe ofrecer distintas posibilidades que serán aprovechadas en mayor o menor medida gracias al conocimiento, la preparación y la acción de los jugadores—; y obstáculos —es decir, un equipo adversario, ya que sería aburrido hacer goles sin que nadie trate de evitarlo—. Por eso, camino a casa de regreso de la cancha, Juan reflexiona: la responsabilidad de educar, si bien exige esfuerzo, puede ser una tarea apasionante y disfrutarse si se encara con espìritu deportivo.

En este sentido, en la educación como en el deporte, hay que plantearse objetivos. En primer lugar, el de ejercer realmente de padre o de madre ya que el hijo necesita de la complementariedad de sus modos diversos de calidez afectiva y autoridad. Autoridad es exigencia y exigencia es ayudar a crecer.

Luego, en palabras de Daniel Diez (1), los objetivos en la educación deben ser metas claras acerca de ¿qué exigir? No poco en muchas cosas sino mucho en pocas cosas, las que se relacionan con la preparación de los hijos para la vida feliz o vida buena (vida orientada al amor) que no debe confundirse con la buena vida (vida orientada al placer como valor máximo); ¿cómo exigir? Desigualmente, teniendo en cuenta el carácter y la personalidad de cada hijo, su sexo, su edad y sus circunstancias familiares y sociales; y ¿para qué exigir?

Para encauzarlos o guiarlos en el camino de la búsqueda del pleno desarrollo como persona; como esposos y padres; como profesionales o trabajadores; y por qué no, también en la búsqueda de la prosperidad económica en tanto no sea a costa de los anteriores.
En segundo lugar, hay que conocer y prepararse para actuar libremente y con astucia en el marco de un reglamento básico.

Efectivamente, en educación como en el fútbol hay pocas, pero ciertamente claras, reglas generales. He aquí algunas:

1) Autoridad y ternura: la educación óptima es una adecuada combinación de exigencia y calidez afectiva adaptada a la edad del hijo y a su personalidad y caracterología.

2) No pretender empujar a los hijos a los valores sino atraerlos a ellos desde la vivencia personal de esos valores. Los hijos necesitan modelos, puntos de referencia. Ellos ven cómo viven sus padres; perciben lo que les es valioso, a través de lo que les alegra o los entristece o del tiempo y atención que les dedican. No se puede enseñar lo que no se vive. Por eso, en la forma como viven los padres educan o deseducan.

3) Para educar hay que ser objetivos, no subjetivos, es decir, no proyectar en los hijos lo que los padres hubieran querido ser, hacer o tener, sino ayudarles a crecer desde lo propio de cada uno de ellos.

4) En la educación es más efectivo primar el estímulo sobre las penitencia. La motivación es un motivo que mueve a la acción y es evidente que la perspectiva de un bien (premio) estimula más que la previsión de un mal (penitencia) especialmente en hijos adolescentes.

4) La comunicación es el termómetro de la calidad de una relación: si se desea la comunicación de parte del hijo los padres deben dar el primer paso. Intimar, dar a conocer a sus hijos sentimientos y pensamientos para que ellos también les abran su intimidad. La comunicación lleva a la comprensión preguntándoles, escuchándolos, para procurar entender la razón de sus conductas y opiniones; y presupone el respeto a la libertad de cada hijo, dándoles la información adecuada, conforme a la edad, para que siendo ellos conscientes de los posibles efectos de sus actos sean responsables de sus decisiones.

Finalmente, en la educación como en el deporte, hay que aprender a desdramatizar los obstáculos o dificultades, y a afrontarlos como desafíos a vencer. Como en el partido, para educar hay que estar dispuesto a pasar malos ratos y a sufrir . Los padres deben convencerse de que los “no”, los “límites”, las “penitencias” son un bien para los hijos, aunque los ojos llorosos de ellos los conmuevan y los tienten a “dejar pasar” lo que merece una corrección de su parte.

PUBLICADO POR "EL DIARIO DE PARANA"
TOMADO DE fen.org.ar

LA FRASE...



"LO IMPORTANTE EN LA VIDA NO ES EL TRIUNFO, SINO LA LUCHA.... LO IMPORTANTE NO ES HABER TRIUNFADO, SINO HABER LUCHADO BIEN..." MARQUES PIERRE DE COUBERTIN Fundador de los Juegos Olímpicos Modernos.

17.1.10

PREMIOS Y RECONOCIMENTOS 2009



GABY JACOB - Mérito Deportivo y JULI DIBUR - Premio C.A.E. con el Kolo y Petru

PREMIOS Y RECONOCIMENTOS 2009



VIKI ETCHEVERRY - Mérito Deportivo y YUYI MAIZTEGUI - ¨remio C.A.E. con sus entrenadores